El día que tú no ardas de amor, muchos morirán de frío.

sábado, 31 de mayo de 2014

Quisiera Que Mi Amor Muriese - Samuel Beckett

Quisiera que mi amor muriese
y que lloviera sobre el cementerio
y las callejas por las que camino
llorando a aquella que creyó que amaba.

Viajeros



No siempre es preciso moverse del sitio, uno puede viajar tan lejos como quiera con la mente y con el corazón. Pero a veces sí es necesario buscar el paisaje más lejano y extraño posible y volar kilómetros y kilómetros entre las nubes creyendo que huyes del dolor o del tedio o que buscas algo diferente, a veces es necesario irse bien lejos para darse cuenta que en realidad el deseo que tienes ante tus ojos y no quieres reconocer es tan sencillo, tan evidente y tan tierno como que te alejas... para que alguien a quien quieres te eche de menos. 


viernes, 30 de mayo de 2014

PECES INESPERADOS - Nizar Kabbani

No te he amado hasta ahora, pero                        
la inevitable hora del amor llegará
y el mar lanzará peces inesperados
en tus pechos.

martes, 27 de mayo de 2014

NUDOS (o el foulard azul)



-          No me presiones Daniel...
-          ¿Cómo has dicho? – su cara se ha quedado cómicamente sorprendida y aunque se supone que estoy enfadada me ha dado un repentino ataque de risa. No puedo evitarlo, cuando más dolida es su expresión más difícil se me hace parar de reír.
-          Me llamo Carlos, y por favor, ¿puedes dejar de reírte como una histérica? – cualquiera diría que está a punto de echarse a llorar, así que hago un esfuerzo e intento calmarme, recomponer mi rostro.
-          Lo siento “Carlos” – le digo recalcando cada silaba - ya sé que te llamas Carlos, solo ha sido un lapsus, lo verdaderamente importante era el “no me presiones”.
-          Daniel, Daniel... - repite – creí que era pasado, ¿o es que aun no has podido olvidarlo?
-          Detrás del nombre Daniel hay un hermoso punto y final – empiezo a enfurecerme de nuevo -  ya dije que solo fue un lapsus, tal vez me estás haciendo recordar viejos tiempos con tu actitud.


Levanta la voz, se justifica, me reclama, ruega, me recrimina. No quiero herirlo, lo quiero, no quiero que nuestra vida se convierta en una batalla sin fin, así que me he dado la vuelta y miro por la ventana mientras, mecánicamente, mis manos se ocupan de los platos del desayuno. Está lloviendo, veo correr las gotas por el cristal y lo oigo hablar, oigo su voz alejarse cada vez mas... y no lo escucho. Le miento y eso me entristece, pero hay ciertas cosas que no puedo decirle, no puedo decirle que hay nombres que no son solo nombres. Hay nombres nudo. Daniel nombre. Daniel nudo. Daniel mi amor. Daniel mi enemigo.

Daniel tomando mi mano por primera vez en unos atestados grandes almacenes un sábado por la tarde. Daniel abriéndose paso entre la gente a golpes de sonrisa y arrastrándome tras él. Daniel escondiendo algo, que solo alcanzo a vislumbrar, bajo su chaqueta mientras el corazón golpea mis costillas, no sé si por el miedo a ser sorprendidos o porque en ese momento moriría de amor por él.

Los ojos de Claudia son del color del mar tras la tormenta. Y yo sé, por mucho que ella intente ocultarlo, que detrás de sus ojos está la verdadera tormenta. Por eso la amo y por eso nunca me quedaré a su lado. Ella desconoce todo el alcance de su fuerza, pero yo la siento y la temo. Y por eso la lastimo, es mi única y pobre defensa contra el ímpetu de su pasión.

Daniel riendo como un chiquillo mientras me regala, con gran ceremonia, en la puerta de los almacenes el foulard que ha robado descaradamente. Daniel recogiendo mi pelo al estilo pirata con el pañuelo, y diciendo que hace juego con mis ojos mientras besa la punta de mi nariz. Daniel gritando, levantándome en vilo, besándome apasionadamente, volteándome en medio de la calle para sorpresa y escándalo de los transeúntes. Aún no se de que color es el foulard, hasta ahora solo he tenido ojos para sus ojos.

Le regalé un pañuelo robado, podría haberlo pagado sin problema, pero sé que ella se sorprende y me admira por esas pequeñas cosas. Mi dulce y preciosa Claudia, que me cree el gran hombre imperturbable y sin prejuicios, que me imagina valiente, que me sueña libre... y no sabe como tiemblo cuando la beso, cuando la abrazo, cuando sé que la estoy perdiendo en cada acercamiento.

Daniel abriendo la puerta de su apartamento y empujándome dentro a besos. Daniel tumbándome en la cama con prisas, arrancándome la ropa sin miramientos, quitándome el pañuelo de la cabeza y cubriéndome los ojos con el. Daniel recorriendo cada rincón de mi cuerpo con su boca. Daniel colmándome de un triste e insoportable placer. Daniel amándome. Por fin, entre lagrimas, he conocido el amor de Daniel y he visto el color del foulard... es azul.

Amar a Claudia es como dejarse arrastrar a la deriva por el oleaje. Igual de hermoso e igual de temible. Amar a Claudia es la tentación de hundirse  en ese sabor a sal, en la suavidad del agua sobre la piel, en la profundidad de su cuerpo... y no emerger nunca más  a la superficie. Amar a Claudia es como  la atracción de  la nada  para el suicida. Amar a Claudia es el sabor agridulce de la vida para el condenado a muerte.

Daniel diciéndome adiós con un brillo febril en los ojos, con  la voz sin aliento, con el cansancio en las manos... alejándose por la calle con una punta del pañuelo azul asomando por un bolsillo de la chaqueta. Se lleva el foulard  y queda en mi retina y mi memoria la imagen de su espalda encorvada y su andar triste. Daniel dirigiéndose al lugar donde yo no tengo cabida, al lugar donde matará todo el amor que le he entregado. Daniel mi amor, que cree que no sé de su dolor y su miedo. Daniel mi vida, que piensa que no sé que el foulard  que ha servido para crear un nudo de amor, servirá también para hacer un nudo con la muerte...

Amo a Claudia cada segundo de mi eterno adiós. Amo la vida que hay en ella desde la oscuridad que me envuelve. Amo el aliento y la sonrisa de su boca. Amo la tristeza de su mirada. Y odio la cobardía que me apartó de ella para siempre. Mi último nudo fue con el pañuelo azul... y con la muerte.

Daniel nunca pudo volver. Hay nombres nudos, ya lo dije. Daniel creó un nudo de amor y muerte en mi con un foulard azul, un azul parecido a mis ojos.

Y es inútil que se lo intente explicar a Carlos, que con su plácida vida, con su ternura, con su cariño ha creado uno nuevo y a la medida de la vida que él me ofrece y que yo le agradezco... pero un nudo no deshace otro nudo.

NAIMA





 Abro los ojos  y la nausea me sube a la garganta, la cabeza me da vueltas y la poca luz que se filtra por  las  cortinas  me hace cerrar los párpados con fuerza. No es nada extraño, sé que esta situación no es nueva, es como un déjà vu, no sé si esta mañana es la de hoy o la de hace dos días o cinco o diez. Tampoco importa. La sensación de que mi vida se repite como un mal sueño no me abandona, y lo peor es eso, que no me importa.

Mientras me acostumbro a la luz mi mirada recorre el verde desvaído de las cortinas, la imagen de unos angelotes rollizos en la pared, un armario que no invita a abrir sus puertas, la colcha áspera tirada a los pies de la cama. Intento recordar como he llegado hasta esta vieja habitación esta vez.

Vuelvo sobre mis pasos y veo mi silueta caminando  por los callejones del viejo barrio de esta ciudad que conozco tan bien y que tanto temo. Temo ese asfalto que me engulle y me hace nadie, temo la soledad en los rostros con los que me cruzo, temo el escalofrío en esta noche de primavera.

Atravieso la puerta del local lleno de humo donde una anónima banda de músicos arranca de sus instrumentos suaves notas de jazz y el aire se impregna con la melancólica tristeza del piano, el solitario lamento del saxo... el aire se puebla de pérdidas y corazones rotos. Me siento con mi primera copa en la mano y soy una más entre toda esa gente de miradas húmedas que llenan el local esta noche y todas las noches. He venido aquí a buscar lo que nunca tuve, observo a mi alrededor e intento reconocerlo en este lugar. Sé que él amará como yo las cadencias suaves y tristes del jazz, sé que él estará envuelto en una neblina, sé que vestirá de negro.

La banda interpreta “Everytime we say goodbye”, el saxo no es Coltrane, pero nuestras miradas se cruzan y siento que las notas que arranca con su boca son para mí. Va vestido de negro y la vieja locura hace que desee con urgencia convertirme en la música que nace de esos labios. Mi deseo, tan palpable y sólido como el cristal del vaso que tengo en la mano, atraviesa el aire y entra en él. Lo sabe, sabe que dedico todas mis noches a buscarlo. Fija la vista en mí y me dedica una sonrisa con la boquilla entre los dientes. Sé lo que va a pasar y un  estremecimiento me recorre como una caricia. La pieza acaba, la actuación de esta noche termina y él se acerca con la copa en la mano, no pide permiso, simplemente se sienta y susurra un hola con voz grave y hermosa. Yo tampoco pido permiso y acerco mis dedos a sus labios y los acaricio lentamente. Sabe que estoy en sus manos, sabe que al menos por un tiempo haré lo que él desee y me dice “vamos” sin ningún atisbo de duda. Sabe que no voy a negarme, sabe que en este minuto no existe el rechazo.

Ahora son dos negras siluetas las que recorren en silencio las calles cada vez mas vacías del viejo barrio, dos desconocidos que entran en un viejo hotel como dos viejos amantes, dos solitarios que sueñan con convertir la soledad en una sola, al menos una noche, esta noche.

En la habitación nos desnudamos con prisas, no hay mucho que decir, nuestro lenguaje son las manos, las bocas, los cuerpos. Exploro cada rincón de ese cuerpo virgen para mí, busco el tesoro que sin duda esconde y lo amo como cada vez, lo amo como nunca he amado a nadie. Entra en mí y el placer me arrastra como una corriente  a ese lugar donde no existe el dolor ni el miedo, el placer me golpea como la hoja en la que me convierto, liviana, sin peso... la noche es larga y somos, al fin, los viejos amantes que no somos.

Abro los ojos  y la nausea me sube a la garganta, la cabeza me da vueltas y la poca luz que se filtra por  unas  cortinas desconocidas   me hace cerrar los párpados con fuerza. No es nada extraño, sé que esta situación no es nueva, es como un déjà vu, no sé si esta mañana es la de hoy o la de hace dos días o cinco o diez. Tampoco importa.

-          ¿Por qué no puedes amarme?
-          Te amo, pero ella es mi dueña.
-          ¿Por qué?
-          Porque ella me lleva al lugar donde no existe el dolor ni el miedo.
-          ¿Por qué no puedo llevarte yo? - las lágrimas corren por mis mejillas.
-          Porque tú me amas, me quieres vivo y la vida duele  - sus labios secan mis lágrimas y acarician suavemente los míos mientras todo el frío del mundo se derrite en una cuchara.

Hay un cuerpo dormido a mi lado en la cama, es hermoso, el pelo un poco largo, negro y lacio, los ojos oscuros, la boca carnosa, la sonrisa traviesa. No recuerdo su nombre, me lo debió decir en algún momento de esta larga noche, pero no lo recuerdo o ya lo he olvidado. Tampoco importa. Para mí solo existe un nombre, el nombre de ese que debo seguir buscando.

jueves, 22 de mayo de 2014

That day




Un día, un alguien bienintencionado, sin duda,  me mandó un mensaje de esos "positivistas" que decía 'La vida no es un restaurante; si quieres un buen día, sírvetelo tú mismo'.
La frasecita de marras se me ha quedado grabada, porque a veces no puede ser y lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, y por más positivo que te pongas, hay circunstancias y emociones que hacen que "servirte un buen día” sea tarea vana. Hay momentos en el que te sientes como si hablases "el lenguaje de los peces" en un lugar seco, de tierra árida, por  el que camina gente de pesadas botas y corazones duros.
En momentos así, en el que no puedes "servirte tú mismo un buen día", sólo puedes servirte un buen café, escuchar una buena canción, reírte con la risa de algún amigo loco, acompañarte de un buen libro, contemplar un bello paisaje, bailar... y esperar que mañana sea otro día, ese día.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Ojo



Pequeño sol de una mirada                              
Fuente de suficiente luz
Para mi cuerpo.

Calor, fuerza, explosión
Para mi cuerpo
Con una mirada.

El mundo está en un ojo,
La vida entera.
Estrellas, soles, constelaciones,
El universo entero.
En la mirada que me entregas.